La etiqueta del sueño que se rompio
ponía "made in América”.
El tipo que me lo vendio
no sabía todas las respuestas.
Quince minutos para dejar huella
como en un casting de telebasura.
Vida fugaces manchadas de polvo de estrellas.
Vidas urgentes de adolescentes que miran la luna.
Carteles de neon
estallando en calles desiertas.
"Esta bastante bien,
te ves muy sexy,
te proponemos para ser
segundo en un concurso de
imitadores de Elvis”.
Sobrevolando con un pie en el suelo.
Pisando las baldosas rotas del mundo real.
Abierto 24 horas para cumplir tus deseos.
Agotando entradas para el espectaculo de la vida normal.